"Un goteo incesante no le dejaba dormir"
Así comenzaba. Ni siquiera recuerdo si era exactamente así. Sólo recuerdo que una noche no podía dormir y me senté a escribir (cosa que nunca había hecho hasta ese día). Era de madrugada y el goteo lo estaba escuchando realmente; nunca lo he vuelto a oír, y eso que soy de trasnochar, y no conseguí averiguar a qué se debía. Me puse a escribir en una cuartilla con mi irregular letra y, para mi sorpresa, prácticamente todo el texto me salió con fluidez. Quedé contento con el resultado aquella noche y me fui a dormir a gusto.
En días posteriores, tras releerlo, vi varios aspectos mejorables, pero pensé que no estaría mal dejarlo tal cual, como mi primer relato que era. Entonces sólo conocía a una persona que empleaba parte de su tiempo en la escritura, se lo enseñé y, teniendo en cuenta que era lo primero que hacía, no fue duro con su crítica. Volví a releerlo y lo seguía viendo igual, con los mismos fallos que le vi la vez anterior, pero igualmente me gustaba y lo guardé. “Quizá más adelante, cuando haya escrito más, me veo capaz de mejorarlo”, pensé. Sin embargo, tal como lo guardé lo olvidé.
Al tiempo, hace poco más o menos un año, lo recordé y, a pesar de que me hubiese gustado encontrarlo, no lo busqué (así soy yo). Hasta que, unos días más tarde, le dije a alguien que lo buscaría para enseñárselo, seguramente después de haberlo retocado. Tardé en comenzar la búsqueda y, cuando al fin la emprendí, no hallé nada. Siempre he hecho garabatos en papeles y he guardado las hojas, en muchos sitios, pero en ninguno de ellos había siquiera una pista del texto perdido sin título.
Ni a mano ni a máquina ni digitalizado, incluso apenas presente en la memoria. No le tuve tanto aprecio como a otras cosas que hice, por eso de que era muy mejorable, pero fue el primero y ahora no está, aunque no es eso lo que me hace añorarlo ahora. Ha llovido mucho desde entonces (y eso que vivo en Sevilla) y he avanzado bastante en eso de la escritura, por eso me parecía algo genial reescribir la historia de aquel/aquella insomne (ni siquiera me acuerdo si era un él o una ella).
No sé, como digo, dónde estás; espero que no te desechara (aunque me extraña que lo hiciera). Sólo quiero dejar constancia de que te echo de menos desde hace unos meses y de que lo primero que haré al reencontrarte, si es que es posible, será reescribrte y mostrarte a todo el que pueda.
Un saludo, criatura de Frankiüstein.
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