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16 de diciembre de 2013

Dixlesia

El pasado viernes leí la siguiente carta al director en el Diario de Sevilla. La firma alguien llamado Miguel Fernández:
Pienso en la vida de Nelson Malndela, en su honradez, en su actitud constante de reconciliación, de sumar en vez de restar, y al cotejarlo con la izquierda de este país siento indignación y tristeza, porque, a mi juicio, está llevando a cabo una estrategia equivocada, anclada todavía en la lucha antifranquista, empleando métodos y eslóganes que recuerdan tiempos donde fueron necesarios, pero que ahora resultan cuando menos incomprensibles. Basta recordar los gritos de "libertad para la clase obrera" unidos a los insultos a la juez Alaya como botón de muestra de cómo utilizan una estrategia rancia. Su obsesión es desgastar al adversario político, incluso vinculándolo a los fascistas de los malos tiempos de nuestra historia. Sea o no demostrable, no importa: la derecha es el caos y la izquierda tiene el deber de echarla del gobierno. Así, el pueblo sospecha que el principal objetivo de la izquierda no es arrimar el hombro para mejorar su situación hoy, sino recuperar las mieles del poder perdido. Traigo aquí esta frase de Mandela: "Si deseas hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces se convierte en tu compañero". Pero aquí esos parámetros no interesan. ¿Ha habido razones sobradas para que la izquierda y la derecha se pongan a dialogar y sacar al país de esta espantosa crisis que tanto daño está causando a millones de ciudadanos? Sin duda, pero es mejor que siga todo mal, que sufra lo indecible la población antes que contaminarse con la derecha con acuerdos saludables, dignos de una izquierda con visión de Estado y no miope con sus banderías de partido y su puritanismo rayano en el sectarismo. Ojalá la actitud de diálogo demostrada continuamente por Mandela, incluso con los que lo torturaron, sirva de orientación a nuestra descentrada clase política.
Llevaba como título "Mandela y la izquierda española". No voy a hablar del ahora conocido por todos como Madiba. De la izquierda española, sí, pero en un contexto mayor, el del panorama político actual.

Miguel Fernández menciona la importancia que da la izquierda española al pasado. No creo que sea falso, pero no es algo extraño a la derecha ni a la política de otros países. De hecho creo que el mismo uso del espectro político tal cual es anclarse en el pasado.

No cabe duda de que la polarización en cualquier aspecto suele venir con nuestra condición humana, así que la política no se iba a salvar. Por eso se distingue entre izquierda y derecha políticas y por eso, desde los orígenes de los conceptos, ambos se toman como el agua y el aceite. Es muy sencillo adaptar a todo nuestro mundo un esquema lineal cuyos extremos jamás se encuentran, lo que implica que no hay punto intermedio que valga. Y si alguna vez parece haber alguno, seguro que hay trampa. Pero normalmente la sencillez de algo no implica su conveniencia. Es más, yo diría que aplicar un esquema así a la política es contrario a ella misma, cuyo objetivo es mediar en los asuntos humanos en busca de concordia.

Apostar por la convivencia implica centrar la atención en el acuerdo y evitar, en la medida de lo posible, el enfrentamiento. Esto hace que carezca de sentido seguir viviendo en el pasado buscando hechos que echar en cara al "enemigo", a la "oposición", olvidándose de tratar de encontrar la unión que favorezca a la sociedad en su conjunto. La izquierda española tiene todavía demasiado en cuenta el franquismo y se lo echa en cara a la derecha española. Pero la izquierda política en general sigue teniendo demasiado en cuenta errores de la derecha política. Y viceversa. No hay más que ver un informativo para darse cuenta que lo que recibe más atención es la acusación al de opinión política diferente. Pasa con la izquierda y la derecha, y también con otras posiciones que surgieron posteriormente, como el centro político (que, como posición definida, tiene sus enemigos: todos los que no sean de centro).

Efectivamente, "ha habido razones sobradas para que la izquierda y la derecha se pongan a dialogar", pero sí, "es mejor que siga todo mal" y que cada posición se encierre en sus "banderías de partido". No es extraño que así sea, en un mundo tan pretendidamente competitivo.

Imagen tomada de aquí

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