Imagen del título: Portada de The Wall de Pink Floyd + Graffiti de http://flickrhivemind.net/Tags/cry,graffiti/Timeline

17 de febrero de 2014

¡Anda!

Iba caminando por el arcén -no le quedaba otra-, cuando notó que el enésimo coche se le acercaba. Entornó los ojos para ver mejor con la luz del Lorenzo en contra y, efecivamente, un auto azul oscuro andaba cerca a su espalda. «Otra vez a apartarme», lamentó. «Todos los días lo mismo: el único camino que puedo coger es el que me lleva por donde van los coches que pasan de los intereses de los que preferimos caminar. ¿Por qué tendré que apartarme siempre?». Esa pregunta hizo que algo en su actitud cambiara. Esta vez no iba a dejar que un factor externo le llevara a hacer lo que no tenía por qué hacer.

Continuó con paso firme y la cabeza alta, ignoró el claxon y notó cómo aminoraba el motor. De nuevo el claxon. De nuevo indiferencia. El camino continuó entre sudores, sonidos de desesperación automovilística, insultos varios (a cual más original, todo hay que decirlo) y una amplia sonrisa en la cara de nuestro protagonista. Soportó los golpes (hubo intentos de atropello) y la presión de los ya cuatro conductores que avanzaban a un paso demasiado lento como para llegar a tiempo a hacer lo que fuera que tuvieran que hacer.

Y llegó así a su destino, con constancia y determinación un solo hombre sometió la voluntad opresora de varios, a pesar de las posibilidades de perder incluso la vida. Con la sonrisa cada vez más amplia, tomó su desvío con una alta autoestima.

Cuando los coches al fin pudieron adelantar al viandante, aprovecharon el charco que siempre se formaba en ese punto para empaparle.

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